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Patricia Poblete, Fundadora Isla Verde
Patricia Poblete nació en Parral y se radicó hace 30 años en Osorno, pero fue la Patagonia la que, hace más de 26 años, la eligió como hogar. Su historia con el sur austral comenzó mucho antes de conocerlo, cuando siendo estudiante escuchaba, fascinada, los relatos de su profesor de Historia, don Rodolfo Celis, quien con pasión describía los paisajes indómitos de la Patagonia, la nobleza de su gente y ese microclima generoso que permite que la tierra entregue hortalizas orgánicas únicas. Aquellas historias sembraron un anhelo profundo que el tiempo se encargaría de hacer realidad.
Un verano, mientras disfrutaba de unos días de descanso en Osorno, un pequeño aviso en el diario cambiaría su destino para siempre: “Se vende isla en el lago General Carrera”. Sin pensarlo demasiado, y guiada más por el corazón que por la razón, emprendió viaje junto a su hermana Betty hacia Puerto Sánchez. Allí conoció a don Cirilo Herrera y a la señora Violeta Jaramillo, entonces propietarios de la Isla Las Violetas. Bastó un solo atardecer para que ocurriera el flechazo: la luz dorada cayendo sobre las aguas del lago Chelenko, el silencio interrumpido solo por el viento y la inmensidad del paisaje sellaron una decisión que marcaría su vida. Patricia compró la isla y quedó para siempre ligada a este territorio.
Desde entonces, la Patagonia se convirtió en su refugio, su inspiración y su propósito. En 2007 adquirió la Reserva Privada La Rinconada, a la que con el tiempo se sumaron el Fundo Millacura, La Cascada, El Resbalón y Puerto Sereno, espacios que hoy forman parte de la experiencia turística Isla Verde. Cada uno de estos lugares refleja un compromiso profundo con la conservación, la vida sencilla y el respeto por la naturaleza.
Patricia abre las puertas de su Proyecto Isla Verde, este rincón del mundo para invitar a otros a sentir lo que ella sintió: la paz que regala el lago más grande de Chile, la fuerza de los vientos patagónicos y la riqueza de una región biológicamente única. Un verdadero santuario de agua dulce y biodiversidad, hogar de bosques milenarios de coigues y lengas, testigos silenciosos de antiguas conexiones con tierras tan lejanas como Nueva Zelanda, Australia y Nueva Guinea. Un tesoro natural que hoy se protege y se comparte con amor, pensando en las nuevas generaciones y en quienes buscan reconectar con lo esencial.

